El pasado 29 de enero llegó de nuevo la ciencia en el bar en Pamplona. El comedor del bar REX se nos llenó de gente y aunque no era nuestro objetivo el tema cuantitativo tener a más de cincuenta personas fue todo un espaldarazo. Menos mal que uno de los amigos, técnico en Onda Cero, Javier Gorosquieta, nos montó un sistema de sonido y allí estuvimos. El tema, ya lo habíamos comentado por aquí, era ¿Por qué la ciencia?. Y Joaquín Sevilla realizó uno de sus alegatos, con conocimiento de causa, para explicar que la ciencia necesita de ese proceso de comunicación al público y de participación abierta. No tiene sentido explorar las mejores explicaciones de que podamos disponer sobre un fenómeno si no se participa.
Hace 5 años
Ignacio López Goñi apuntaba, como ya ha escrito en diversas ocasiones, que además la ciencia que cuenta es la que se cuenta. Javier Armentia bajó al terreno de la calle, comentando que además tenemos retos que requieren que la información científica fluya y se participe. Un entrenador de fútbol que se declara terraplanista en plan chulo no es más que el ejemplo de un fracaso colectivo. Precisamente estas semanas hemos visto varios estudios publicados sobre la percepción de la ciencia y su relación con el auge de movimientos populistas (como el de «Confianza en la ciencia y Populismo científico en España«, de FECYT, parte de un estudio internacional sobre el tema, TISP A global study on trust in scientist and science-related populism) donde se muestra que hay actitudes que cuestionan la ciencia al criticar a las élites, favoreciendo un populismo que pretende que cierto «sentido común» es más valioso que la investigación. Como todo esto sucedía en la semana en que el nuevo mandato del presidente de EEUU comenzaba precisamente atacando la ciencia desde esa perspectiva populista, el tema resultaba de gran actualidad.
Hubo tiempo para rescatar efemérides interesantes: Ignacio López Goñi comentó cómo 5 años antes él escribía sobre los avances científicos en torno a esas infecciones por lo que se decía entonces «el virus chino» que se convirtieron en pandemia por el coronavirus. Por si queréis recorrer lo que comentó y sus reflexiones, en el blog MicrobioBlog hay una suculenta historia sobre el tema: Hace cinco años estalló una pandemia en el que recogía alguno de las entradas en las que avanzaba información sobre el tema hace un lustro.
Marchando una de espaguetis
Uno de las secciones que se repetirá en Ciencia en el Bar cada mes (por cierto, avanzamos que la próxima sesión será en el Bar Rex de Pamplona-Iruña el miércoles 19 de febrero a las 19 horas) es la de los experimentos tabernarios. Joaquín Sevilla apareció con unos cuantos paquetes de espaguetis para hacer algunos experimentos y contar historias de ciencia acompañadas de sesudas publicaciones de revistas científicas sobre el tema. En su blog lo ha contado más extensamente y con enlaces, así que os recomendamos su lectura: Rompiendo espaguetis. Por supuesto, la gente tuvo oportunidad de comprobar que no siempre es fácil romper un espagueti en solo dos trozos. Saber la ciencia detrás de ello y todo eso nos entretuvo un buen rato.
Esto de las tonturas experimentales nos permitió traer también a Andre(i) Geim, Premio Nobel de Física en 2010 por el descubrimiento y estudio del grafeno (lo contó por aquí Francis Villatoro) y también ganador 10 años antes, en 2000, del Premio Ignobel de Física por la levitación de una rana en un campo magnético.

El poder de una carta al periódico
recordamos a una mujer poco conocida por el público, pero que generó un cambio de paradigma en la ciencia moderna, una efeméride que rescatamos del libro recomendado del mes: «El calendario de la Historia de la Ciencia«, de Moncho Núñez, publicado por Guadamazán. Una de las efemérides que el gran divulgador y museólogo recoge para el 29 de enero es una carta que publicó el periódico Boston Herald ese día del año 1958, escrita por la periodista Olga Owens Huckins, «denunciando la peligrosidad del DDT que se usaba como pesticida. Huckins era amiga de Rachel Carson y a ella le envió también una carta personal, lo que impulsó la redacción del libro Primavera silenciosa (Silent Spring, 1962), el primer libro de divulgación científica sobre impacto ambiental y un clásico del ecologismo moderno.» Lo cierto es que la figura de Olga Huckins fue crucial al interesar al público y a los científicos sobre un hecho que aún no había sido analizado. Ella y su marido tenían un refugio de aves y estaban ya notando la desaparición de pájaros conforme el uso del insecticida se hacía extensivo en Covington, Kentucky, su residencia.
Hubo más cosas, incluyendo aportaciones del público y, sobre todo, un análisis científico (desde la química y la física a la microbiología) que Ignacio López Goñi aplicó a un delicioso pincho de rosbif a baja temperatura que prepararon en la cocina del bar. Y que, tras la sesión, pudieron degustar quienes se animaron.



la primera frase me ha dejado descolocado al decir «29 de febrero», evidentemente es una errata porque el encuentro en el bar fue el 29 de enero, ha sido este año, no el año pasado (que sí tuvo 29 de febrero)… no????
Qué envidia, a ver si venís para Toledo, muchas gracias por la excelente divulgación que hacéis
Ay, gracias por darte cuenta. Fue en enero, evidentemente. Gracias.