Estudios sobre la felicidad (en el bar y fuera del bar) (28/1/26)

Por Javier Armentia, el 21 enero, 2026. Categoría(s): General

Aunque 2026 ha comenzado con muy malos modales, este mes de enero vamos a iniciar las sesiones del bar profundizado en la ciencia que estudia diferentes aspectos de eso que llamamos felicidad (y que no nos atreveríamos a ponernos a definir en una entrada de blog). Por ejemplo, si sentirnos felices nos hace vivir más y mejor. ¿Y lo contrario?

 

Ciencia de largo recorrido

El punto de partida es un estudio de Harvard que comenzó a en 1938, el estudio longitudinal más largo que existe sobre la vida adulta. El Harvard Study of Adult Development ha ido siguiendo desde 1938 la salud física y emocional de un conjunto de hombres (no incorporaron mujeres hasta ya dentro de este siglo, como comentaba Robert Waldinger, el cuarto director consecutivo del estudio en una divertida charla TED: «What Makes a Good Life? Lessons from the Longest Study on Happiness«). Su hallazgo central es que las relaciones sociales cercanas, cálidas y de calidad son el factor más determinante para una vida larga, saludable y satisfactoria, incluso más que la riqueza, la fama o el coeficiente intelectual. La investigación muestra que esta conexión es bidireccional: las buenas relaciones protegen la salud (por ejemplo, amortiguando el estrés crónico) y, a su vez, una buena salud física y mental favorece el mantenimiento de dichos vínculos. En esencia, el estudio no promueve una «felicidad» superficial o individual, sino que subraya que el bienestar humano es fundamentalmente interpersonal.

Precisamente, con el bisturí de quien conoce la buena y la mala ciencia, Joaquín Sevilla nos contará más de un detalle curioso de este estudio. Lo describe como «un experimento laaaaaargo». La mayoría de los estudios sobre la felicidad de las personas se basan en preguntarles. Pero parece que no es lo mismo preguntarte que te hace feliz hoy que qué te hizo feliz hace 10 años. Entre otras razones porque no recordaamos objetivamente la realidad, sino a través de un proceso de elaboración de la memoria. Esto ha dado pie a sacar conclusiones curiosas de un estudio que está siguiendo la vida de un grupo de personas a lo largo de toda su vida. 85 años siguiendo vidas (desde 1938) y ahora ya a los descendientes, un proyecto de investigación cuya dirección va relevándose, claro. Merece la pena comentar tan peculiar (y perseverante) metodología experimental y, como no, ver qué conclusiones sacan sobre lo que lace feliz a largo plazo.

 

Una cuestión de salud

En esta sesión contaremos como invitada con Almudena Sánchez Villegas, Decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra. Licenciada (1998) y Doctora (2001) en Farmacia por la Universidad de Navarra, es catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública en la UPNA. Su investigación se ha centrado en aspectos que generan “infelicidad” por ponerlo en términos del tema que nos ocupa en esta sesión, de una forma más técnica, depresión, autolesiones y suicidios. Se trata de conocer esos aspectos para prevenirlos, la línea de investigación se llama “Epidemiología y prevención en salud mental y suicidio en el área de Epidemiología y Salud Pública.

Seguro que es interesante escuchar qué hábitos saludables podemos desarrollar para evitar problemas de salud mental. La infelicidad no es un estado inevitable, y por eso podemos abordarla como un fenómeno prevenible mediante la modificación de hábitos cotidianos que impactan directamente en nuestra salud cerebral. Desde una perspectiva técnica se estudia cómo la prevención primaria es clave para fortalecer la resiliencia emocional, analizando cómo el equilibrio entre la actividad física, el descanso de calidad y la gestión del estrés actúa como un muro de contención frente a la depresión. Abordará estrategias prácticas, destacando la importancia de construir redes de apoyo social sólidas y de intervenir ante las primeras señales de malestar psicológico para evitar que la infelicidad se cronifique o derive en patologías graves.

 

Microbiota y depresión

Ignacio López Goñi "Microbiota y salud mental". La conexión entre las bacterias del intestino y celebro. Portada del libro en Esfera de los Libros 2025
Ignacio López Goñi «Microbiota y salud mental». La conexión entre las bacterias del intestino y celebro.
Portada del libro en Esfera de los Libros 2025

Ignacio López Goñi nos descubre también la felicidad con su peculiar estilo microbiológico. No en vano su reciente libro «Microbiota y salud mental» aborda precisamente esta interacción entre nuestros microorganismos y el bienestar, también sobre cómo nos sentimos.

En 2016 se publicó ese estudio en el que ratones libres de microbiota recibieron microbiota de personas con depresión y los ratones desarrollaron ansiedad y pérdida de interés. Es como si fuéramos capaces de trasplantar la depresión solo trasplantando microbios intestinales. También se ha demostrado que el tratamiento crónico con antibióticos de amplio espectro en ratones disminuye la riqueza y diversidad de la microbiota y genera ansiedad y comportamientos depresivos, que se revierten al restaurar la microbiota. Estos ejemplos muestran que existe una correlación entre la ansiedad, el estrés y la depresión y la microbiota intestinal, lo que conocemos como el eje intestino-microbiota-cerebro.

Lo que comemos y bebemos afecta directamente a nuestra microbiota, y por tanto a nuestro estado de ánimo. En humanos se ha confirmado la relación entre la depresión y las bacterias intestinales. ¿Depende nuestra felicidad de nuestros microbios? Para saber más recomendamos su artículo en The Conversation: «Se confirma la relación entre la depresión y las bacterias intestinales«.

 

Pseudociencias en el mundo feliz

Si nos da tiempo, Javier Armentia ha prometido acercar al público a ese mundo de la autoayuda editorial y de cierta psicología «pop», ese mundo más bien pseudocientífico del pensamiento positivo y demás. No todo es basura, pero hay demasiada basura como para no hacerlo notar. Pensemos en cuánta gente usa leyes mágicas como esa de la atracción: los pensamientos positivos literalmente atraen buenas cosas para ti, y lo contrario también existe. Como decía el psicólogo Eparquio Delgado en «Los libros de autoayuda ¡vaya timo!» (Ed. Laetoli), a veces conviene recordar: si quieres ser positivo, basta con que pierdas un electrón. Porque lo cierto es que a veces un exagerado optimismo puede ser indicador de menos adherencia a un tratamiento médico por parte de un paciente.

Respecto a que estudios correlacionales como el de Harvard conecten felicidad y una vida sana y larga siempre debemos recordar que no aparece una causalidad en ellos, y que hay numerosos factores de confusión que pueden operar: el estatus socioeconómico, la salud base, la educación, el entorno cultural… De hecho hay todo un mundo en el que se afirma que un pensamiento positivo (que te haría más feliz, se afirma) puede servir para el tratamiento de enfermedades graves: visualizaciones, afirmaciones y actitud positiva pueden curar o frenar significativamente enfermedades como el cáncer. Esta idea es potencialmente dañina. Aunque el bienestar psicológico pueda mejorar la calidad de vida y la adhesión al tratamiento, no hay evidencia de que cure enfermedades fisiológicas. Y sobre todo puede generar una culpa enorme en pacientes que no mejoran («no fui lo suficientemente positivo»). Un caso extremo es el fenómeno de la Bioneuroemoción, donde la exageración de esa conexión cuerpo-mente se lleva al punto de culpar al paciente… pero es algo tan asqueroso que preferimos ni recordar a sus defensores, pero sí dejar un enlace de RedUNE: red de prevención del sectarismo y del abuso de debilidad, donde no solo se explica por qué es un engaño sino cómo alcanza dimensiones sectarias.

A veces la cosa no es de juzgado de guardia, pero conviene hacerlo notar. Un caso concreto que posiblemente no mencionemos en el bar, pero lo dejamos por aquí: la psicóloga social Amy Cudy adquirió cierto renombre (su charla TED es de 2012) sosteniendo que adoptar posturas corporales expansivas («poderosas») por 2 minutos altera los niveles de testosterona y cortisol, aumentando la confianza y las probabilidades de éxito. Aunque la TED Talk fue un fenómeno, la ciencia no la respalda. Los estudios posteriores, incluidos intentos de replicación a gran escala, han fracasado en encontrar el efecto hormonal. Es un ejemplo clásico de un hallazgo preliminar y atractivo que no resistió el escrutinio científico, pero cuya narrativa perdura en la cultura popular.

La felicidad da para mucho. La capacidad de creernos cosas, también. El miércoles 28 de enero de 2026, en el bar REX de la plaza de la libertad de Pamplona lo comprobaremos. Y estás invitada, como siempre. Por cierto, esta vez el cartel nos regala un trocito del óleo con el que Leonardo da Vinci retrató a Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo. Vamos: la Gioconda, como se le conoce, también la Mona Lisa. Su tenue sonrisa ha generado mucho papel y debate (sin duda demasiado) y nos ha parecido una buena representación de la felicidad. ¿Y por qué no podría servir si a Javier le hizo feliz al diseñarlo?

Cartel anunciador de Ciencia en el Bar del 28 de enero de 2026: la felicidad (en el bar y fuera)
Cartel anunciador de Ciencia en el Bar del 28 de enero de 2026: la felicidad (en el bar y fuera)


Por Javier Armentia, publicado el 21 enero, 2026
Categoría(s): General