Ciencia (que suena) en el bar (18/05/2025)

Por Javier Armentia, el 11 junio, 2025. Categoría(s): General

El son de la ciencia se nos viene al bar

Adelantamos la sesión del bar REX de nuestra #CienciaEnElBar al miércoles 18 de junio para alejarnos un poco del acúmulo de actividades que suceden en junio en Pamplona con eso de la proximidad a las fiestas patronales. Y así cerramos el curso con una nueva sesión, esta vez dedicada al sonido. Si la anterior de mayo nos permitió adentrarnos en la ciencia con y de colores, ahora vamos a ver qué tal suena la ciencia con bastantes elementos que (esperamos) sorprenderán a la gente que se anime a participar. Como siempre, estás invitada a participar también con propuestas y preguntas. El menú sonoro irá en estas claves. No podemos asegurar que no se escuche algo de reguetón, porque en nuestras sesiones puede suceder de todo.

 

NOTA:JAVIER GOROSQUIETA NO PUEDE VENIR EL 18
PERO EN LA PRIMERA SESIÓN DE SEPTIEMBRE RECUPERAREMOS ESTO
Percepción sonora: el entontecedor

Un fenómeno bien conocido en ciencia cognitiva y en psicología del lenguaje es el DAF (Delayed Auditory Feedback), es decir: la retroalimentación auditiva diferida. Se trata de aumentar el retraso entre lo que una persona habla y escucha, utilizando normalmente un sencillo sistema que recoge sus palabras (el micrófono) y una electrónica que introduce un retraso en lo que manda a los altavoces que escucha el hablante. En cuanto la demora aumenta más de 50 milisegundos (depende de la persona, algunas aguantan hasta 100ms), el hablante lo nota y habitualmente se produce una ralentización del habla. Pero si el retraso llega a unos 175 ms la situación es claramente de estrés, hasta imposibilitar decir nada de forma coherente.

Javier Gorosquieta, que es técnico de sonido en Onda Cero Pamplona y que en cada sesión de #CienciaEnElBar se encarga de los micrófonos y del sonido en la sala, será quien anime a unas cuantas voluntarias a ver si son capaces de seguir hablando cuando la demora se activa. El aparatito, el entontecedor, reproduce una situación habitual en las conexiones que a menudo se hacen en medios audiovisuales (radio o televisión) donde el colaborador entre a través de un sistema remoto y recibe desde el control un retorno que, debido a múltiples factores – no siempre, como erróneamente se decía antes, es debido a que la conexión va por satélite -, introduce un retardo. Muchas veces hemos visto al corresponsal que, incapaz de hablar de forma coherente, acaba quitándose el pinganillo.

Por cierto que dispositivos de estos se han usado en el tratamiento de la tartamudez, conjuntamente con otros sistemas, buscando que al ralentizar el habla se permita una mejor conectividad de las regiones cerebrales implicadas y se facilite la fluidez del habla. Lo curioso es que esa realimentación muestra que el procesamiento del habla tienen un control motor complejo, que se anticipa al sonido que se va a producir y compara a la vez lo esperado con lo que realmente oye. Los retardos son discrepancias que el sistema intenta corregir en tiempo real, algo que interfiere con el proceso habitual. Para quienes estén interesados, el artículo inicial de estos estudios fue el de Bernard S. Lee en el Journal of the Acoustical Society of America en 1950: «Effects of delayed speech feedback«.

 

Música electrónica contra el dengue

Si no son amantes del techno o la música electrónica en general posiblemente no les suene mucho el tema que el canadiense Skrillex lanzó en 2010 titulado «Scary Monsters and Nice Sprites» que fue todo un éxito, una de las canciones del mundo dance más relevantes, el momento crucial del dubstep… alcanzando más de 30 millones de visualizaciones en Youtube. Luego entró como parte de la banda sonora de varios videojuegos de éxito y de alguna película. Con sus bajos intensos y distorsionados, modulados en frecuencia (eso que llaman wobble bass), rupturas bruscas de ritmo y timbre, incluyendo sonidos metálicos, con cierta sensación de que nos raspan la oreja…

Entonces uno se encuentra (bueno, nos lo ha traído Ignacio López Goñi) con un trabajo publicado en Acta Tropica en el 2019, de H. Dieng et al.: «The electronic song “Scary Monsters and Nice Sprites” reduces host attack and mating success in the dengue vector Aedes aegypti«. Y es eso: Un equipo de la Universidad de Sarawak (Malasia), liderado por Hamed Dien, expuso mosquitos hembra hambrientos a la canción «Scary Monsters and Nice Sprites» de Skrillex para evaluar su comportamiento de alimentación (picadura) y reproducción. Tenían un grupo de insectos (mosquitos hembra, en ayunas durante 12 horas) en jaulas que podían estar en silencio o reproduciendo la canción durante 10 minutos (una remezcla…). En la jaula había también un macho y un hámster. El primero para comprobar el apetito sexual y el segundo para ver si se alimentaban. Las hembras que estaban en condiciones de silencio comenzaban a picar al roedor en 30 segundos, pero esta picadura se retrasaba entre 2 y 3 minutos si el insecto había escuchado la música electrónica. Y había menos picaduras en todos los casos. Más aún, el apareamiento de las hembras que habían escuchado música fue 1/5 parte de la del grupo de silencio.

Adelantamos que la investigación apunta a que el tema, con sus bajos y ritmos, interfiere creando un ruido en la percepción del mosquito y altera su conducta. Esta especie, transmisora de infecciones como el dengue, el zika o el chikunguña, usan el sonido para comunicarse de cara al apareamiento, y tienen una gran sensibilidad a las vibraciones del aire. El órgano de Johnston, en la base de sus antenas es el receptor específico y proporciona información sobre la frecuencia del zumbido de vuelo de otros mosquitos. Las hembras más a 400 Hz y los machos en torno a 600 Hz, aunque ajustan la frecuencia y sincronizan el batido en una especie de duelo armónico para el apareamiento. Por lo que se ve, esto no funciona después de escuchar a Skrillex. Tampoco se quedan con ganas de alimentarse… Queda mucho por saber, si habrá otros temas, otros estilos o si algo así funcionaría no ya en jaulas en un laboratorio, sino en la naturaleza, donde hay muchas más fuentes de sonido.

(Y por supuesto queda la pregunta de por qué eligieron esa canción… ¿el ipod del becario?)

 

Música para las plantas

Joaquín Sevilla ha querido también traer a esta sesión de ciencia con sonidos un asunto diferente: sobre si la música puede estimular el crecimiento de las plantas. (Javier Armentia se cuela por aquí: algo que llevo discutiendo años con mi madre, empeñada en que ponerles música y hablarles con cariño hacen a las plantas de su casa ser las más bonitas del barrio. La conclusión ha sido el disenso, pero admitiendo yo que mientras les des luz adecuadamente y agua, no les va a hacer mal que les hables o pongas música). Hay un paper que os recomendamos, porque es bastante bizarro: «Music for Plants? An Investigation into the Impact of Exposure to Acoustic Stimulus in Bok Choy (Brassica rapa) Plants» en el volumen de otoño de 2024 de una revista denominada «Evolutionary Studies in Imaginative Culture«. La primera autora es Joanne Pei Sze Yeoh, del departamento de Música de la Facultad de Ecología Humana de la Universiti Putra Malaysia, en Malasia. Quien esto escribe ha encontrado que una persona con el nombre muy parecido, Joanne Yeoh Pei Sze, es una conocida violinista en ese país. Lo dejo ahí para esas cosas de las conexiones improbables cuando tengamos más tiempo…

En cualquier caso el objeto de este estudio era evaluar si diferentes tipos de música (clásica vs. rock) tienen efecto en el crecimiento y rendimiento de la col china. Hicieron para ellos tres grupos de plantaciones del bok choy: uno expuesto a rock, otro expuesto a clásica y otro sin música. Las plantas expuestas a música clásica mostraron crecimiento superior en términos de rendimiento y tamaño frente al grupo control. Las expuestas a rock obtuvieron un rendimiento intermedio, situándose entre la clásica y el grupo sin música. Las autoras se atreven (tampoco se ve en el paper mucho detalle) a proponer como mecanismo una respuesta biofísica a los estímulos sonoros, que podrían influir en el intercambio de gases al variar la apertura de los estomas, o producir la liberación de hormonas vegetales. Tómese con precaución por lo tanto el estudio. En una búsqueda ligera por los buscadores académicos he podido ver que los ragas indios hacían crecer los cultivos un 20% más en altura de 1962, o un estudio que mostraba en 1973 que las plantas expuestas a música clásica y jazz crecían hacia el altavoz y florecían. Había algo sobre el crecimiento de los pepinos, tomate y arroz en Indonesia, donde las vibraciones de entre 0,1 y 1 kHz lo estimulaban, así como disminuían las plagas de ácaros y mildiu. Se estudió el fonotropismo (crecer hacia el altavoz) en Arabidopsis thaliana en 2017, por si alguien está interesada.

 

Lo crujiente sabe mejor

Un tema clásico que ya fue reconocido con un galardón en los IgNobel en 2008 (por aquí lo contó con todo lujo de detalles Francis Villatoro en su blog de la ciencia de la mula Francis en Naukas: «2008 Ig Nobel, Nutrición: El sonido «crujiente» y el disfrute de una patata frita«). En el experimento de Massimilano Zampini y Charles Spence decidieron usar pringles(R) por aquello de que son de forma y estructura bastante similares. Pero a los sujetos les ponían una versión manipulada del sonido del crujido de la patata que no era la real, sino modificando volumen y frecuencias. Encontraron que cuanto más fuerte y agudo era el crujido, la nota a la frescura y sabor de la patata aumentaba. Si se quitaban las frecuencias altas, el producto se precibía como blando o de poca calidad. No iremos a tanto en la reproducción del experimento, pero sí analizaremos un poco cómo algo como el sonido puede modular el sabor: desde luego nadie duda que el olor o el aspecto lo modifican, pero también el sonido juega su papel. Incluso teniendo en cuenta que ese sonido al masticar la comida viaje no solo por el aire sino también a través de la mandíbula, lo que complica la experiencia real.

En cualquier caso, hay ingenieros de sonido que colaboran con la industria alimentaria para que sus snacks crujan más y más adecuadamente. Se estima que la frecuencia óptima es entre 2000 y 5000 Hz, un rango al que nuestro oído es especialmente sensible. También se sabe que un crujido breve se percibe como más fresco: la microexplosión activa circuitos dopaminérgicos del placer y la novedad. Y si es agudo, mejor.

Ciencia que suena en el bar, cartel anunciadorLa ingeniería del crujido utiliza estrategias para que suene mejor (pensad que el crujido se produce mejor en una estructura seca, con poca humedad, y frágil): extrusionar la masa con aire, como en esos cereales o cheetos; modificando el tipo y la cantidad de almidón; o ajustando la humedad interna con atmósferas controladas en el envasado, que siempre se procura hermético. Pero también se procura amplificar el sonido haciendo que el producto sea con láminas más finas y resquebrajables, introduciendo burbujas o pliegues como pasa en las patatas fritas. Y, desde luego, en la publicidad el sonido crujiente se amplifica a lo bestia usando celogan o síntesis digital… En algún caso, el tamaño también influye para producir un sonido que llegue mejor al oído.

 

Nos suenan más cosas

Hace tiempo que teníamos un asunto sobre explicar por qué las escalas tonales de la música son logarítmicas, quizá lo traigamos ahora que el La, La, La vuelve a estar de moda en las plataformas. Y desde luego no acabaremos antes de probar una audiometría casera a las personas asistentes. Igualmente, si alguien quiere traerse un instrumento musical y tocar algo, comprobaremos también si es cierto eso de que la música amansa a las fieras.

El miércoles 18 a las 19 h como siempre, en el bar REX casa de comidas de la plaza de la Libertad de Pamplona. Entrada libre y gratuita hasta completar aforo. La bebida y los pinchos son la contribución de los asistentes a que el bar siga dejándonos su salón.

Ciencia que suena en el bar, cartel anunciador

 



Por Javier Armentia, publicado el 11 junio, 2025
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