No siempre podemos coincidir los tres artistas en escena todos los episodios. En esta ocasión Ignacio López Goñi tiene compromisos y no nos acompaña por aquello del tren y sus horarios. Pero Joaquín Sevilla y Javier Armentia deciden rescatar del baúl lo que comenzó siendo parte de este proyecto en 2012 y que Joaquín recogió en su blog en octubre de 2015, al hilo de una sesión que organizamos para las III Jornadas de Divulgación Innovadora en Zaragoza. Escribía entonces:

«Lo de llevar la ciencia a los bares no es un intento de banalizarla, sino de bajarla del pedestal. La ciencia ocurre en laboratorios, en centros académicos con solemnes ceremonias llenas de birretes, o en congresos científicos de lenguaje muy técnico, templos a los que el ciudadano no puede acceder normalmente y si lo hace, no entenderá nada. Démosle la vuelta a la cuestión, que los científicos vayan a dónde los ciudadanos hacen su vida. En sus casas solo se puede entrar por las ventanas tecnológicas que son los medios de comunicación, asunto que no nos interesa ahora. Otro lugar donde se desarrolla la vida ciudadana son los bares. De hecho en estos espacios públicos es muy habitual quedar para compartir espectáculos deportivos o música. ¿Por qué no ciencia? Eso sí, tiene que ser en un tono y formato de entretenimiento, no se trata de convertir el bar en una sala de conferencias, sino de imbuirse en el tono tabernario para contar historias que resulten próximas e interesantes. Historias y experimentos; hay un montón de trucos de bar y pequeños experimentos con poco material que permiten comprobar en directo que la ciencia funciona en la vida cotidiana, y que no es (solo) una cuestión de batas y laboratorios.»
¿Se puede hablar de la materia oscura removiendo un café? Se puede. ¿Se puede hablar de la atmósfera y los colores del atardecer con una pajita y unas copas? Pues claro. Y mucho más.
Un poco de historia antigua
Desde su nacimiento en 2012 «Ciencia en el bar» adquirió un formato con varias secciones en cada sesión: había un tema central y una (o varias) personas invitadas para hablar de él; teníamos una sección de noticias, por aquello de no dejar de traer la actualidad (además semanalmente ya hacíamos colaboraciones en la radio, un «Vermú de la ciencia» que se dedicaba más a ese formato, de la misma manera que los vídeos para el canal de la Universidad Pública de Navarra nos llevaban a otro formato y otro público); se recomendaban libros divulgativos; y también se hacían experimentos tabernarios, que definíamos más o menos como: actividades que ponen de manifiesto algún fenómeno científico interesante y que requieren para su realización de un material mínimo y, si puede ser, que forme parte del propio bar. Esta fue la sección que nos llevamos a Zaragoza, acumulada. Fue una especie de «grandes éxitos» de las primeras temporadas en el bar, pero no fue la única vez…

Unos meses después, en una nueva temporada de las actividades en el bar, en marzo de 2016, decidimos realizar una sesión especial titulada «Grandes éxitos tabernarios» en la que aprovechábamos ese elemento de experimentación con eso de llevar varios años con la primera serie de «Ciencia en el Bar». Lo hicimos luego más veces, en diversas ocasiones, cuando nos pidieron en algunas actividades, como los Cursos de Verano de Ujué, organizados por la Universidad Pública de Navarra, que lleváramos ese formato a un pueblo. La idea es que los experimentos vertebrarían una charla divulgativa a dúo sobre diferentes temas: volar, la percepción humana, cómo es la física en el mundo cotidiano… Hemos viajado a lo largo de estos 13 años por muchas tabernas, plazas y también auditorios con este teatrillo.
Porque de las sesiones de experimentos tabernarios se convirtió en marca de la casa, algo con carácter propio y muy alejado de ese fenómeno de la ciencia con experimentos-espectáculo que se fue popularizando, en la televisión de la época (como en el Hormiguero, donde siguen, creo, con esas cosas), pero también en actos públicos de todo tipo, alguna vez incluso con final muy accidentado como lo que sucedió en la Nit de la Recerca de Girona el 30 de septiembre de 2022. Por cierto que aquello abrió un cierto debate sobre la ciencia espectáculo (aquí un análisis de Michele Catanzaro en El Periódico). Los experimentos tabernarios no son eso: pocas veces explotan cosas ni hay nada demasiado tóxico o molesto, porque al fin y al cabo estás en el bar y no es cosa de que se disparen los aspersores; no son tanto demostraciones magníficas como propuestas abiertas y a menudo colaborativas o incluso competitivas entre diferentes grupos o mesas del bar; pero sobre todo incluyen elementos sencillos, de los que existen en el bar o puedes conseguir en un bazar por poco precio. A veces hará falta un plato, cubiertos o un vaso o copa; unas monedas, rotuladores, caramelos, papeles, llevar unos globos o unos cuentagotas como algo muy exótico…
Convocatoria: ahora sí
Pero vale de rollos de historia antigua: los experimentos tabernarios son, han sido y queremos que sigan siendo, parte del menú de la ciencia en el bar que hacemos ahora en el Bar Rex. Y el segundo episodio de la segunda temporada, el miércoles 22 de octubre de 2025 a las 19 horas es una nueva versión de los GRANDES ÉXITOS. Ciencia y diversión asegurada. Y lo mismo tenemos algún premio… no queremos desvelar el contenido aún, por aquello de la sorpresa. Aunque habrá chocolatinas, monedas y agua, líquidos inmiscibles, inteligencia de las multitudes (con el primo eugenésico de Darwin), cosas que caen de un lado o de otro, geometrías de una copa…


